Tokenización inmobiliaria en Rosario: cómo invertir desde US$ 500 en oficinas y qué tener en cuenta antes de entrar

Grupo Transatlántica y Fundar presentaron Lena Buró, el primer desarrollo en la ciudad que convierte metros cuadrados en tokens digitales. La iniciativa busca democratizar el acceso al real estate y reactivar el microcentro con una nueva herramienta financiera.

La innovación financiera empieza a meterse de lleno en el mercado inmobiliario rosarino. Grupo Transatlántica y Fundar lanzaron Lena Buró, un desarrollo ubicado en Rioja 1187 que introduce la tokenización inmobiliaria como mecanismo para invertir en propiedades desde montos accesibles.

En términos simples, la tokenización permite “dividir” un activo físico —como una oficina— en partes digitales. Es decir, en lugar de comprar una unidad completa, el inversor adquiere una porción o porcentaje de ese inmueble. “Es una tecnología que te habilita a acceder a cuotas partes de un desarrollo inmobiliario, algo que antes solo era posible comprando la unidad entera”, explicó Martín Olano, de Grupo TSA.

Cada token representa una participación concreta en una oficina específica dentro del edificio. En el caso de Lena Buró, el inversor sabe exactamente en qué unidad está invirtiendo —por ejemplo, una oficina determinada en un piso puntual— y su rendimiento estará atado al valor de venta de ese activo una vez finalizado el proyecto.

Uno de los aspectos más disruptivos del modelo es el ticket de ingreso: desde 500 dólares, y hasta 10.000 por año. Esto abre el juego a pequeños ahorristas que hasta ahora estaban fuera del mercado inmobiliario. “Apunta a democratizar la inversión en real estate. Es una alternativa tanto para el inversor minorista como para quien busca diversificar su cartera”, sostuvo Olano.

La lógica de rentabilidad replica la del mercado tradicional: el inversor obtiene su ganancia al momento de la venta del inmueble. Si bien no hay rendimientos garantizados, la apuesta es ingresar en etapas tempranas del desarrollo, donde el valor del metro cuadrado es más bajo, para capturar la apreciación a medida que avanza la obra.

El sistema también contempla cierta flexibilidad. Si bien el espíritu es mantener la inversión hasta la finalización del proyecto o la venta de la unidad, existe la posibilidad de salida anticipada. En ese caso, los desarrolladores recompran el token, aunque con una quita estipulada en el contrato.

Otro diferencial clave frente a modelos como el crowdfunding es la trazabilidad del activo. “Acá no se invierte en una bolsa general, sino en un activo específico, perfectamente identificado”, remarcó Olano. Detrás del esquema, de todos modos, sigue existiendo un fideicomiso inmobiliario tradicional que estructura y administra el proyecto.

La operatoria, además, es completamente digital. Desde la selección de la unidad hasta la firma del contrato, todo se realiza online, con validación de identidad y múltiples medios de pago, incluyendo transferencias, billeteras virtuales y criptomonedas.

Más allá de la innovación financiera, el proyecto tiene un componente urbano estratégico. La elección del microcentro no es casual: responde a una apuesta por revitalizar una zona que viene mostrando signos de reactivación. “Hay una tendencia de empresas a volver a ubicarse en áreas céntricas, cerca de donde vive la gente. Esto está alineado con el concepto de la ‘ciudad de los 15 minutos’”, explicó.

El lanzamiento tuvo una buena recepción inicial, con un alto nivel de reservas, lo que refuerza la expectativa de que este modelo pueda replicarse en futuros desarrollos. “Creemos que es lo que viene y que nos permite acercarnos a un público inversor mucho más amplio”, señaló Olano.

En un contexto desafiante para el sector —con costos en alza y un mercado aún en proceso de recuperación—, la tokenización aparece como una herramienta que puede aportar dinamismo. Y, sobre todo, como una puerta de entrada para nuevos inversores a un negocio históricamente reservado para pocos.

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