La reciente sucesión de robos en barrios cerrados de Rosario y localidades vecinas volvió a poner el foco en la seguridad de urbanizaciones que, hasta hace algunos años, eran sinónimo de tranquilidad. En las últimas semanas se registraron hechos en Los Raigales (Roldán), Funes Hills Cadaqués y Barrio Vida (Funes), el club de campo Los Álamos (Ibarlucea), el country Carlos Pellegrini (Fisherton) y zonas residenciales de Zavalla y Piñero.
En varios de los episodios denunciados se repite una lógica operativa similar: viviendas seleccionadas con antelación, análisis previo de rutinas y movimientos, ventanas de tiempo breves y una retirada rápida para minimizar riesgos.
Para el empresario y especialista en seguridad Gabriel Chumpitaz, el fenómeno no es casual ni aislado. “La sofisticación invertida es un fenómeno criminal que ha llegado a los barrios cerrados y grandes superficies”, sostiene.
Desde su experiencia en seguridad privada, Chumpitaz describe que el delito actual “es dinámico y presenta múltiples variantes operativas”. Los llamados “escruches” incluyen ingresos exprés, engaños, uso de llaves o copias, posibles complicidades internas e incluso hechos que pueden escalar hacia extrema violencia.
“Estamos ante un fenómeno criminal contrapuesto que podría definirse como de ‘sofisticación invertida’: existe planificación, pero no necesariamente alto profesionalismo individual”, explica. Según detalla, pequeñas células delictivas se articulan en estructuras más complejas, con división de tareas: dateros, especialistas en cerraduras, logística, transporte, proveedores de armas y campanas.
Cuando se suman posibles “entregadores”, el nivel de riesgo aumenta. “La combinación de información previa y división de roles incrementa significativamente la vulnerabilidad, sobre todo cuando la seguridad no fue planificada de manera integral”, advierte.
Casas marcadas y exposición en redes
Uno de los puntos centrales del análisis es que los grupos no actúan al azar. “Analizan rutinas, niveles de protección y oportunidades de escape”, afirma.
En ese esquema, las redes sociales juegan un rol clave. “La publicación en tiempo real de viajes, movimientos o bienes materiales expone innecesariamente a las familias y puede convertirlas en objetivos previsibles”, señala. Para el especialista, la seguridad es “99% información y 1% casualidad”.
Entre los descuidos más frecuentes menciona:
- Exposición excesiva de información personal en redes sociales.
- Publicar ausencias o vacaciones en tiempo real.
- Rutinas rígidas sin variaciones.
- Falta de control sobre personal doméstico o proveedores.
- Deficiencias físicas básicas en puertas, ventanas y perímetros.
“No se trata de errores intencionales, sino de falta de cultura preventiva”, aclara.
Las fallas en los barrios cerrados
La idea de que el country garantiza seguridad absoluta es, según Chumpitaz, un concepto equivocado. “La seguridad absoluta no existe”, remarca.
En muchos casos, explica, las decisiones de reducción de gastos impactan directamente en el presupuesto destinado a seguridad, afectando monitoreo, capacitación o mantenimiento tecnológico.
Técnicamente, identifica fallas en los tres pilares del sistema DRR:
- Detección: cámaras, sensores, control de accesos, biometría.
- Retardo: muros, cercos electrificados, puertas reforzadas.
- Respuesta: protocolos claros, personal capacitado y articulación con fuerzas estatales.
“Cuando uno de estos componentes falla, el sistema pierde eficacia”, resume.
Un fenómeno que se repite en el país
Empresas del sector advierten que la modalidad observada en el corredor metropolitano rosarino —planificación previa, selección precisa del objetivo y tiempos de acción breves— también se detecta en otras ciudades del país.
Chumpitaz coincide en que se trata de un fenómeno social y multicausal. “Factores como droga, violencia y desigualdad de oportunidades generan entornos propicios para la expansión del delito”, afirma.
Para Chumpitaz, el eje debe estar puesto en mejorar la calidad de los dispositivos de seguridad y en anticiparse al delito con planificación estratégica. “La profesionalización debe estar del lado de la protección”, enfatiza.
Cambio de paradigma: de la alarma al outsourcing estratégico
Para el especialista, la seguridad domiciliaria atraviesa un cambio profundo. “Históricamente, un electricista instalaba una alarma y esa era toda la estrategia. Hoy a las empresas nos contratan como C.S.O. (Chief Security Outsourcing) para auditar, asesorar e implementar estrategias integrales”, explica.
La clave, insiste, es la integralidad: “¿De qué sirve un coche blindado si tu hijo va al club caminando sin protección? Hay que proteger bienes, pero también personas, rutinas y entornos”.
En ese marco, propone tres ejes concretos para reducir riesgos:
- Proteger la información personal y limitar la exposición pública.
- Planificar estratégicamente la seguridad con acciones preventivas y disuasivas.
- Diseñar planes de contingencia para saber cómo actuar ante un evento.
“La gestión de riesgos combina información, estrategia y capacidad de reacción”, concluye.
Mientras tanto, la seguidilla de hechos en Rosario y su área metropolitana reabre el debate sobre cómo se piensa la seguridad en urbanizaciones privadas y confirma que, aun detrás de muros y garitas, la prevención sigue siendo la principal herramienta.




























