Razones para creer en una recuperación económica

Después de un 2018 complicado en materia económica, hoy podemos visualizar diversos factores que nos invitan a mirar con optimismo el año 2019.

Por Adriano Mandolesi (*)

Si bien la mejora será desigual entre los sectores de la actividad, se evidencian claves a monitorear para creer en una recuperación sobre bases más sustentables.

Durante el año pasado la fuerte depreciación del peso, la histórica sequía, desaciertos internos y el aumento de la tasa de interés en los mercados financieros internacionales impactaron fuertemente en las variables macroeconómicas, generando a su vez una alta inflación y la caída en la actividad real generando una contracción del PBI del 2,6%.

Sin embargo, desde principio de este año se comienzan a observar los efectos del programa monetario y fiscal impulsado por el gobierno durante la crisis, razón por la cual, lentamente la economía podría iniciar una recuperación que se consolidará a medida que crezca la confianza y disminuya el costo del capital y la inflación, mientras se recuperan las exportaciones, gracias al crecimiento de los principales socios comerciales de Argentina (Brasil, Estados Unidos y China).

1. Perspectivas de una buena cosecha

Según las primeras proyecciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, la cosecha de la Campaña 2018/2019 sería de 120 millones de toneladas. Resultado de un crecimiento del área sembrada y de una mejora en los rindes esperados.

En números concretos, a pesar de las inundaciones que afectaron seriamente al norte de la provincia de Santa Fe, se espera un total de 46,5 millones de toneladas de maíz y 52 millones de tt de soja. Además, recordemos que la cosecha de trigo se estimó en 18,7 millones de toneladas, resultado que le daría oxígeno financiero a los productores, mejorando la cadena de pagos del sector y permitiendo el ingreso de flujo de divisas por las exportaciones del cereal.

2. Recuperación del poder adquisitivo

Finalmente, en los últimos días se divulgaron también una serie de datos que indican que la contracción del nivel de actividad del tramo final del año pasado podría estar cerca de alcanzar un piso, en un contexto financiero más calmo y ante el ingreso de la nueva cosecha.

Ante esta situación, durante 2019 los salarios, por las mejoras de las paritarias, podrían rondar un incremento de 35%, con una inflación proyectada, según el REM, que rondaría 30%, lo que permitiría una recuperación real del salario cercana al 5% luego de la caída del 2018, situación que además se convalida por la mayor estabilidad observada en la cotización del dólar en los últimos meses. También beneficiará al consumo el 46% de aumento de la AUH en marzo, que pasaría a $2.644.

3. Mejor clima financiero

El año comenzó con un mejor clima financiero. La suba del precio de los bonos, acompañada por una disminución del riesgo país, sumada a la caída del dólar por debajo del piso de la “zona de no intervención”, habilitó al Banco Central a comprar dólares para recomponer reservas internacionales.

De esta forma, estaríamos frente a un escenario que ayuda a descomprimir las tensiones financieras vislumbradas durante buena parte del año pasado, el cual combina buenas noticias provenientes del exterior, con datos que apuntan a una corrección de los desequilibrios macroeconómicos locales (fundamentalmente externos y fiscales), y fortalece la credibilidad del Banco Central para contener el proceso inflacionario. Por cierto, aprovechando este escenario, el Gobierno presentó un conjunto de medidas de financiamiento por más de $ 100.000 millones para impulsar el desarrollo de las pymes con tasas del 25% al 29%.

Por último, recordemos que el país recuperó su estatus de mercado emergente durante el 2018, razón por la cual se esperan que diversos fondos de inversión que se dedican a armar carteras de acciones de mercados emergentes continúen incorporando activos argentinos.

4. Fortalecimiento del sector externo

En lo que respecta a las variables del sector externo, el INDEC informó que la balanza comercial de bienes alcanzó en diciembre un saldo positivo de USD 1.369 millones, en lo que fue el cuarto mes consecutivo de superávit y el saldo positivo mensual más importante en 4 años. Con estos datos, el año 2018 finalizó con un déficit comercial de USD 3.820 millones, reduciéndose a menos de la mitad del “rojo” observado el año previo (USD 8.309 millones), pero con una clara diferencia entre los primeros 8 meses, en los que se acumuló un déficit de USD 6.768 millones, y el último cuatrimestre, cuando el balance se tornó superavitario por USD 2.945 millones.

El retorno al superávit comercial se consolidaría en los primeros meses de 2019 con el ingreso de la nueva cosecha, que aportaría unos USD 6.000 millones más en términos de exportaciones agrícolas que el año pasado, cuando se vio severamente afectada por la sequía. Esta mayor oferta de divisas (actual y esperada) es un elemento clave que, junto con las buenas noticias del exterior, principalmente la reactivación de Brasil y la recuperación de mercados externos (carnes, energía y productos regionales) serán una señal positiva para la recuperación de la actividad económica.

5. Reducción del déficit fiscal

Sin dudas, el talón de Aquiles que arrastra la economía local. El Estado argentino lleva más de 70 años sin equilibrar sus cuentas, gastando más de lo que ingresa, con excepción de algunos breves períodos. Esta situación nos ha llevado como país a ser inestables, a sufrir crisis recurrentes y a ser más vulnerables a los cambios en la economía internacional. El dato positivo es que en todo 2018, el déficit primario alcanzó el 2,4% del PIB.

De este modo, el gobierno logró cumplir con la meta de 2,7% del PIB prevista en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y reducir el déficit primario en 1,1 puntos del Producto frente a 2017, cuando había alcanzado un 3,8%. Un sendero que -sin dudas- debe sostenerse para que el país logre reducir su dependencia del financiamiento externo y la presión tributaria que hoy limita el crecimiento del sector privado, el cual vendrá una vez superada la crisis.

En definitiva, pensando en las proyecciones para los próximos meses, la principal incertidumbre será el riesgo político por las elecciones presidenciales del 2019, pero diversos indicadores señalan que se iniciará una recuperación durante el primer trimestre del año, si bien la performance sectorial será heterogénea, destacándose la agro-industria, las extractivas (minería y energía), las ramas industriales que exportan o compiten contra importaciones, el turismo local y los servicios exportables basados en el conocimiento (informática, contables, publicidad, empresariales, entre otros).

De todas formas, para sostener el crecimiento en el largo plazo, el gobierno deberá impulsar una serie de reformas postergadas que quitarían presión sobre la deuda pública en el mediano plazo: Agenda Fiscal, Agenda de competitividad y Agenda Monetaria – Cambiaria, que son las bases para lograr hacer viable el programa fiscal, favorecer el empleo y mejorar la calidad institucional, en el marco de un desarrollo sostenible y equilibrado y que implique una mejora de la productividad, baje los índices de inflación y genere un círculo virtuoso de inversiones.

(*) Lic. en Economía, Universidad Nacional de Rosario / Director Ejecutivo de Fundación Pensar Santa Fe

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