Algodonera Avellaneda, con su planta industrial en Reconquista, quedó ante un escenario de posible quiebra después de que fracasara la convocatoria judicial para su salvataje. El registro cerró el lunes 5 de octubre, sin que se inscribieran interesados en adquirir las acciones de la compañía y negociar una salida con sus acreedores. El juez Fabián Lorenzini dejó constancia de esa situación y dispuso las notificaciones correspondientes.
La empresa, vinculada a integrantes de la familia Vicentin, había llegado a esta instancia después de no conseguir las mayorías necesarias para aprobar un acuerdo en su concurso preventivo. La quiebra todavía no fue declarada: el futuro de la textil permanece sujeto a una resolución judicial, en un contexto de endeudamiento elevado y actividad industrial reducida.
El peso del Banco Nación
Uno de los principales obstáculos para alcanzar un acuerdo fue la deuda con el Banco Nación, que concentra más del 80% del pasivo quirografario computable. Los créditos verificados de la entidad ascienden a $1.585,7 millones y USD 260,79 millones. A esas obligaciones se suma un pasivo posterior al concurso de $6.818,7 millones, acumulado entre 2025 y 2026 por deudas de electricidad, impuestos y compromisos laborales.
La compañía había solicitado excluir al banco del cálculo de las mayorías necesarias para aprobar su propuesta. Sin embargo, Lorenzini rechazó ese pedido y, ante la falta de adhesiones suficientes, dispuso la apertura del salvataje. La resolución estableció que el registro funcionaría entre el 29 de septiembre y el 5 de octubre.
Ese procedimiento, conocido como cramdown, habilitaba la participación de acreedores, una cooperativa de trabajadores o terceros interesados en adquirir la empresa y alcanzar un acuerdo. La convocatoria terminó sin inscripciones, por lo que esa alternativa no logró avanzar.
Producción reducida
La crisis financiera convive con una operación industrial limitada. Al abrir el salvataje, el juzgado había señalado que la planta funcionaba al 60% de su capacidad, con inconvenientes en la maquinaria de hilandería y mediante contratos de fasón, es decir, producción por encargo para terceros. Los ingresos permitían afrontar salarios, pero no generaban margen para cancelar las deudas verificadas.
Además de la fábrica de hilos y telas del Parque Industrial de Reconquista, la compañía cuenta con dos desmotadoras de algodón: una en General Pinedo, Chaco, y otra en Banderas, Santiago del Estero.
Expectativa por los empleos
La preocupación de los trabajadores está puesta en la posibilidad de que una eventual declaración de quiebra contemple la continuidad de la actividad. Según explicó Juan Carlos Bandeo, secretario general del Sindicato de Trabajadores Textiles, alrededor de 200 personas continúan trabajando en la planta, mientras que otro centenar permanece fuera de la actividad y con reclamos pendientes de cobro.
Con el salvataje sin interesados, la próxima decisión judicial será determinante para la empresa y su personal. Para el gremio, sostener la producción permitiría preservar los puestos que siguen activos, aunque quedaría por resolver la situación de quienes ya no están trabajando.

























