Por: Darío H. Schueri – Desde Santa Fe 08/02/2026
La semana pasada nos preguntábamos qué pasaría si Javier Milei decidiera venir el año que viene por sus votos en la Provincia con un candidato a Gobernador propio. El decidido protagonismo de Romina Diez en la visita presidencial del sábado en San Lorenzo, su ácido posteo contra Pullaro por los 800 millones de dólares, y los sistemáticos ataques en redes al gobierno provincial por parte del ejército digital de LLA darían a entender que nuestro interrogante tendría respuesta.
El presidente corrió repentinamente como un fans que quiere abrazar a su ídolo en la cancha de fútbol, pero en esta ocasión cruzo trotando el legendario Campo de la Gloria, para recibir el cariño de la tribuna sanlorencina que sentía el orgullo de tener en su tierra, aunque sea por un rato, el “sable corvo” con el que el General San Martín hizo su bautismo de fuego, precisamente en ése lugar; arma que quedará, merced a una decisión presidencial, definitivamente en poder de sus nobles Granaderos a Caballo.
¿Pretendió con ello el gobierno desviar la atención en torno del escándalo del INDEC?. Es muy probable. ¿Lo conseguirá?. “Ya no vamos a enterar”, suele responder enigmáticamente un amigo.
Así es Milei; vino a cambiar el orden de rotación de la política, y no se falla a sí mismo. Cuando parecía que el peronismo lo había herido de muerte el 7 de setiembre del año pasado en las elecciones legislativas provinciales y municipales en Buenos Aires, Javier Milei “clavó alto recital” (con la excusa de presentar un libro de su autoría) en el Movistar Arena de CABA veinte días antes de las elecciones legislativas nacionales que ruborizó hasta a los propios, pero le devolvió no solo la centralidad política, sino el espíritu de rebeldía y deconstrucción de los preceptos preestablecidos que lo llevaron al lugar que ocupa. Y la ciudadanía tampoco le falló: ganó en todo el país; incluida la indómita Provincia de Buenos Aires.
Milei como Los Ingenieros del Caos de Giuliano da Empoli, es el exponente “sudaca” de la provocación controlada de la narrativa tradicional, con el objetivo de implosionar las estructuras tradicionales de la “vieja política” (satirizada bautismalmente como “casta” por el Presidente) en función de un nuevo orden populista de (ultra) derecha -que forma parte de una tendencia geopolítica mundial liderada por Trump, y otros líderes mundiales, como Benjamín Netanyahu en Israel- al cual mansamente la desorientada oposición criolla le presta su más decidido e inocente apoyo, cuando por ejemplo critica de manera despiadadamente absurda a Milei por haberle transmitido el legado material al Cuerpo de Granaderos a Caballo: el mítico “sable corvo” de su líder.
O la nueva batalla cultural que instaló el gobierno en torno de la apertura de importaciones textiles, con el mismísimo ministro de Economía “Toto” Caputo reconociendo que como siempre pudo viajar al extranjero por sus actividades, su guardarropa no es nacional, “porque los precios acá son un robo”, despotricó.
Al día siguiente Patricia Bullrich en el mismo Canal de noticias contó que el blazer que vestía lo había comprado por la plataforma Amazon. ¡Qué horror!, se escandalizó la oposición a coro. Hasta que los Medios comenzaron a emitir notas con empresarios textiles que admitían haber remarcado casi irracionalmente toda su vida, auto justificados por la incertidumbre inflacionaria, el “costo argentino” con sus impuestos desbocados y leyes laborales coercitivas (y por qué no, tentados por el paraíso arancelario del que gozaban).
El tiro de gracia a la retórica opositora y defensora de la industria nacional fue la “inflación textil”, que durante el gobierno de Alberto Fernández, (con Cristina Fernández de Vice y Sergio Massa ministro de Economía) trepo al 1.400 por ciento.
Otra batalla cultural ganada. Ahora le siga una dura parada: el INDEC.
Según el ingeniero santafesino experto en energías José Stella, quien lo demuestra con aplicados y didácticos gráficos, la causa de la renuncia de Marcos Lavagna al organismo que elabora las estadísticas fue su disconformidad con la decisión del gobierno de frenar la actualización metodológica del IPC, para evitar que el nuevo índice refleje una inflación mayor debido a los aumentos de tarifa de gas y electricidad programados para este año.
Desde nuestra más supina ignorancia técnica nos animamos a especular también que el constante aumento del precio de los combustibles indefectiblemente influye en el costo de los fletes, trasladados lógicamente a precio final. Si los alimentos no aumentan aún más de precio, es solamente porque los supermercados no remarcan como debieran para no perder definitivamente ventas.
Santa Fe y los dólares “encanutados” en Nueva York
Lo que preveíamos sucedió. A 48 horas de la llegada del Presidente a suelo santafesino, el gobierno nacional de manera directa (e indirecta a través de sus trolls) arremetió ferozmente contra Maximiliano Pullaro por no haber liquidado los 800 millones de dólares obtenidos en el mercado financiero de Wall Street sobre finales del año pasado.
El economista Federico Domínguez, magister de la Universidad Torcuato Di Tella posteó en X que “la especulación financiera de Maximiliano Pullaro le viene costando hasta el momento a los santafesinos USD 53 millones, o el equivalente a ARS 76.000 millones. Al ver el posteo, el ministro de Economía Luis Caputo aclaró que “son 120 mil millones de pesos en dos meses. Una lástima, y una especulación sin sentido, ya que sus gastos son en pesos y le hubiera ahorrado toda esa fortuna de plata a los santafesinos”.
Desde la Casa Gris hasta el momento de escribir esta columna no emitieron opinión oficial, aunque recordamos que el gobierno provincial siempre sostuvo que su objetivo con la deuda tomada en Wall Street no era hacer un negocio financiero, sino afrontar el pago de obras y, para cuidar los recursos de los santafesinos entendió que la mejor forma era dejarla declarada en dólares afuera.”Tomamos financiamiento en moneda dura y la liquidamos a medida que avanza la ejecución de la inversión”, dijeron en su momento desde Economía cuando se avizoraba esta arremetida nacional, que no pensaban sería tan furibunda.
Quienes lo frecuentan aseguran que el Gobernador está muy tranquilo, porque tienen medido que es contracultural criticar a quien prefiere tener los fondos en dólares y no en pesos, como al fin y al cabo hace todo el mundo. Y le agregan una pizca de socarronería: “nos piden seriedad los que comenzaron a manipular el INDEC”.





























