Del unicornio al abismo: Bioceres se hunde en Wall Street y enfrenta su peor crisis

La biotech nacida en Rosario perdió más del 30% de su valor en una sola jornada y acumula un desplome cercano al 90%. Deudas impagas, concurso de acreedores y una compleja reingeniería societaria empujan a la firma a su momento más delicado.

Bioceres atraviesa la etapa más crítica desde su creación. La empresa biotecnológica rosarina, que supo posicionarse como uno de los grandes emblemas de la innovación agroindustrial argentina, quedó al borde del colapso financiero tras un nuevo derrumbe de sus acciones en Wall Street y la profundización de sus problemas judiciales y patrimoniales.

Bioceres Crop Solutions (BIOX), la compañía que llevó al Nasdaq desarrollos como el trigo HB4 resistente a la sequía, sufrió una caída diaria cercana al 32% y acumula un retroceso de casi el 90% respecto de los valores que mostraba a comienzos del año pasado. De cotizar por encima de los 6 dólares, sus acciones pasaron a valer apenas unos centavos, reflejando la pérdida de confianza del mercado.

El impacto de la crisis también se sintió en Rosario. La Bolsa de Comercio decidió desprenderse de las acciones de BIOX que había adquirido en el debut bursátil de la firma en Estados Unidos. Aunque el monto involucrado no resulta significativo en términos financieros, el gesto tuvo un fuerte contenido simbólico y expuso el deterioro de la imagen corporativa del grupo.

En paralelo, Bioceres SA —la sociedad local— enfrenta un escenario aún más comprometido. La empresa recibió pedidos de embargo por deudas superiores a los 100 mil dólares y, según trascendió, las cuentas bancarias locales apenas registraban saldos mínimos. Actualmente, la firma se encuentra en concurso de acreedores y no se descarta que el proceso derive en un pedido de quiebra que podría tramitarse en la Justicia rosarina.

Desde el holding intentan marcar distancia entre la operación internacional y la estructura local. Aseguran que Bioceres SA ya no mantiene vínculos comerciales ni financieros con BIOX. Sin embargo, esa separación formal no alcanza para disipar los problemas: la sociedad argentina arrastra compromisos millonarios con bancos, pagarés bursátiles en el mercado local y deudas con inversores y proveedores.

La situación se agravó cuando una sociedad offshore, Draco Latam SPC Ltd, inició acciones judiciales para cobrar un pagaré vencido. Al avanzar con medidas cautelares, se encontró con cuentas prácticamente vacías, lo que expuso la falta de liquidez de la compañía.

Detrás del colapso financiero aparece una compleja reconfiguración societaria. En los últimos años, Bioceres dejó de ser un proyecto de base local liderado por productores argentinos para convertirse en un entramado global, con fuerte escisión entre los activos estratégicos y la estructura doméstica. Mientras BIOX se consolidó como el vehículo internacional, Bioceres SA fue perdiendo participación, control y peso patrimonial.

El proceso incluyó fusiones, escisiones y la creación de nuevas compañías en el exterior, como Moolec Science, que absorbió activos clave bajo estructuras radicadas fuera del país. Como resultado, la firma argentina quedó reducida a una participación minoritaria, sin control del directorio ni de los principales desarrollos.

Hoy, con una deuda estimada en torno a los 45 millones de dólares, el principal problema de Bioceres no pasa por la tecnología, sino por un severo descalce financiero y la falta de caja. Mientras BIOX intenta recomponer su perfil ante los inversores internacionales, el símbolo del unicornio rosarino que prometía revolucionar el agro quedó seriamente golpeado. El desenlace aún es incierto, pero la crisis ya dejó una marca profunda.

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