A contramano de las críticas y burlas que circularon en redes sociales durante diciembre, el pronóstico trimestral del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) comienza a mostrar que no estaba tan errado. Las lluvias se cortaron y buena parte de la región pampeana y el sur del Litoral empieza a sentir el impacto de un déficit hídrico que amenaza el potencial de la cosecha gruesa.
A fines de octubre de 2025, el SMN había proyectado un trimestre —noviembre, diciembre y enero— con precipitaciones superiores a lo normal solo en el NOA, registros normales en Cuyo y lluvias por debajo del promedio histórico en la zona pampeana y el Litoral. A eso se sumaba otro dato clave: temperaturas superiores a las normales en la mayor parte de las regiones productivas.
El cierre del año pasado trajo lluvias abundantes en varias zonas agrícolas, lo que llevó a poner en duda la validez del pronóstico estacional. Sin embargo, el enfoque trimestral del informe terminó imponiéndose: con el correr de enero, las precipitaciones comenzaron a escasear y el balance hídrico volvió a tornarse negativo.
Hoy, la humedad disponible en amplias áreas productivas muestra déficits que, de persistir, empezarán a reflejarse directamente en los rindes de soja y maíz. Los mapas del SMN para los próximos días anticipan lluvias concentradas principalmente en el NOA, Cuyo y algunos sectores puntuales de San Luis y Córdoba, pero siguen dejando afuera a muchas de las zonas que más necesitan agua.
El panorama hacia el cierre de enero y el arranque de febrero no es más alentador. Los modelos no indican aportes significativos en regiones clave para el volumen final de la cosecha gruesa, lo que mantiene encendidas las luces de advertencia en el sector productivo.
Si bien todavía existe margen para una recuperación, el reloj corre. Para evitar un deterioro mayor del escenario, las lluvias generalizadas deberían llegar antes de que termine la primera quincena de febrero. De lo contrario, la actual “alerta amarilla” podría escalar rápidamente a una “alerta naranja”, con impacto directo en las expectativas productivas de la campaña.

























