Grupo Lequio pide la intervención del Estado para ordenar el cupo de China

Alfredo Cassani, CEO del Grupo Lequio, advirtió sobre la incertidumbre que atraviesa la industria frigorífica por el límite impuesto por China a las importaciones de carne vacuna. Alertó sobre distorsiones en precios, riesgos para la actividad industrial y reclamó reglas claras para evitar una carrera desordenada por exportar.

El negocio cárnico argentino comenzó 2026 envuelto en un clima de alta incertidumbre, especialmente en el frente exportador. Así lo describió Alfredo Cassani, CEO del Grupo Lequio, el holding con mayor cantidad de plantas frigoríficas del país, quien puso el foco en el impacto que puede generar el cupo impuesto por China a las importaciones de carne vacuna y reclamó una intervención ordenadora del Estado para evitar distorsiones en el mercado.

Cassani fue enfático al marcar una diferencia conceptual clave: “Esto no es una cuota, es un cupo. Y en nuestro negocio esa diferencia no es semántica. Las cuotas, como Hilton, Estados Unidos o la 481, son herramientas positivas porque tienen beneficios arancelarios. En cambio, lo de China es un tope a las ventas, sin incentivos y con muchas complicaciones”.

Según detalló, a la Argentina se le asignaron 511.000 toneladas, lo que implica que entre el 70% y el 80% de las exportaciones de carne del país quedan alcanzadas por esta limitación. “El impacto es muy grande y, si no se gestiona bien, puede generar un desorden importante”, advirtió.

Riesgo de distorsiones y caída de precios

Para el CEO del Grupo Lequio, uno de los principales riesgos es el comportamiento defensivo de los operadores frente a la escasez. “Cuando un bien se vuelve limitado, cambia la forma en la que actúan las empresas. Puede generarse una carrera por exportar lo más rápido posible, incluso enviando cortes de menor valor o con hueso, todo lo que permita asegurarse un lugar dentro del cupo”, explicó.

Ese proceso, según Cassani, puede derivar en consecuencias negativas a lo largo del año. “Después eso puede terminar en una fuerte baja del precio de la vaca y en menor actividad industrial. Son movimientos bruscos que no le hacen bien a nadie”, señaló.

El rol del Estado como árbitro

En ese escenario, Cassani sostuvo que el Estado no puede mantenerse al margen. “No se trata de decir qué exportar ni cómo exportar, sino de ordenar el partido. Con casi 100 exportadores habilitados para vender a China, es muy difícil que el sector privado administre solo un cupo de esta magnitud”, afirmó.

Y agregó: “El Ministerio de Agricultura, el Senasa, la Aduana, alguien tiene que tomar el rol de árbitro. Mirar para otro lado no es una opción cuando una decisión de otro país distorsiona el mercado local. Hay que tomar el toro por las astas”.

Embarques adelantados y freno posterior

Otro de los riesgos que mencionó es la posibilidad de un anticipo masivo de embarques, seguido por un freno abrupto. “Puede pasar que se exporte a menor valor y que, cuando el cupo se vuelva muy escaso, nadie quiera cargar un contenedor por miedo a que llegue fuera de cupo y quede meses parado en un puerto chino”, explicó. Ese escenario, advirtió, implicaría costos logísticos elevados y mayor incertidumbre financiera.

Cassani alertó además que el problema podría profundizarse en 2027 si no se corrige a tiempo. “Si este esquema se repite, puede darse una carrera descontrolada por completar el cupo, como le pasó a Brasil con la cuota de Estados Unidos, que la cubrió en apenas dos días”, recordó. En ese caso, explicó, se produjeron y embarcaron volúmenes anticipadamente que quedaron esperando en puerto hasta el cambio de año. “Ahí es donde empiezan los problemas de verdad”, aseguró.

Estados Unidos, Europa y el mercado interno

En relación con otros destinos, Cassani se mostró moderadamente optimista respecto de Estados Unidos. “Las 80.000 toneladas adicionales se anunciaron en noviembre y todavía no hay definiciones, pero confío en que de alguna manera se va a destrabar”, sostuvo.

Sobre la Unión Europea, aclaró que el impacto del acuerdo UE–Mercosur será limitado en el corto plazo. “El incremento para Argentina recién se va a notar a partir de 2027 y será de unas 3.000 toneladas al principio. No es un volumen decisivo, aunque Europa necesita carne porque su producción está muy baja”, indicó.

En cuanto al mercado interno, recordó que sigue siendo el principal destino de la carne argentina, concentrando entre el 70% y 75% del consumo total. “La economía está ajustada y la carne está cara frente a otras proteínas. Hoy se ven asados premium a 40.000 pesos en algunos segmentos, valores similares a mercados externos de alto poder adquisitivo”, señaló. Según advirtió, una caída en el poder de compra del consumidor también terminará impactando en el precio de la hacienda.

La amenaza de la carne importada

Finalmente, Cassani puso sobre la mesa la posibilidad de una mayor entrada de carne brasileña. “Brasil pierde volumen en China, México le cerró parcialmente la frontera y, si Argentina se encarece en dólares, todo indica que va a entrar carne de Brasil. No me animo a dar números, pero va a entrar”, afirmó.

Ese fenómeno se sentiría con más fuerza en el norte del país y en productos industrializados. “En hamburguesas, salchichas y carne procesada es donde hay más chances de ver producto brasileño”, explicó. Y concluyó: “La importación no es otra cosa que arbitrar precios. Si entra carne importada, eso también impacta en la demanda de hacienda local y en los valores”.

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