La esperada reapertura de Touche de Crème en Avenida Pellegrini 1686 no es solo la inauguración de un nuevo local: es la concreción de un sueño familiar que atravesó generaciones. Así lo define Carolina Madrid Mori, propietaria de la marca, quien pone en palabras el peso simbólico y estratégico de este desembarco en una de las arterias gastronómicas más importantes de Rosario.
“Para nosotros es un gran logro haber podido abrir este local en Pellegrini”, afirma Carolina. “Tiene que ver con nuestra historia y con un sueño muy antiguo: Anita, la abuela de Manu, cuando la heladería funcionaba en Zavalla, pasaba por Pellegrini, miraba las grandes heladerías de la época y soñaba con que algún día nuestro helado estuviera acá. Haber podido dar este paso, desde el legado familiar, nos llena de orgullo”.
Pero el nuevo local también marca un antes y un después para la marca. “Este es un objetivo logrado desde el punto de vista de Touche de Crème. Cuando nuestros hijos se incorporan al trabajo, entendimos que la fábrica tenía que transformarse en algo más grande. Y el único punto de partida posible era Pellegrini”, explica. No es casual: Rosario es la capital nacional del helado artesanal y una de las ciudades con mayor consumo per cápita del país.
Un local insignia, pensado desde la identidad
El espacio se destaca por su amplitud, comodidad y una estética que busca representar fielmente la esencia de la marca. “Es muy grande, muy cómodo y, para mí, bellísimo. Refleja exactamente la identidad de Touche de Crème”, describe Carolina.
Se trata del primer gran local dentro de un modelo de franquicia no tradicional, donde la fábrica sigue siendo parte del espacio. “Nuestra fábrica está acá, seguimos fabricando nosotros, nuestra familia. Eso hace que sea una fusión entre local y producción”, detalla.
El proyecto arquitectónico estuvo a cargo de Camila Pedemonte, quien trabajó en la construcción de una identidad visual propia. “Este va a ser el local insignia, el modelo a seguir para los que se abran en Rosario y en otras ciudades o países”, remarca Carolina.
Uno de los puntos más distintivos es el mural principal del local, con ilustraciones hechas a mano por Juan Manuel Madrid, director creativo de la marca. “Representan los instrumentos que usaban nuestros bisabuelos y abuelos para fabricar helado. Así como nuestros helados, las ilustraciones también están hechas a mano”, señala.
La paleta combina el blanco característico con un nuevo tono marrón chocolate, en diálogo directo con el producto. El local cuenta con moderno y cómodo mobiliario, sector candy, cafetería y fabricación a la vista, incluyendo una antigua máquina utilizada por el abuelo Aníbal.
El helado como protagonista
Más allá del tamaño y los servicios, el concepto sigue siendo claro. “El único protagonista es el producto: el helado”, afirma Carolina. “Es un local fresco, no cargado, donde la historia está muy presente”.
La propuesta se completa con cafetería, desayunos, tortas artesanales y horarios amplios: Lunes a jueves y domingos de 9 a 1; viernes y sábados de 9 a 2.
Artesanal, incluso en expansión
En un contexto de crecimiento, la pregunta clave es cómo sostener la calidad. Carolina es contundente: “La fabricación es exactamente la misma. Ese fue el punto de quiebre que nos permitió pensar en la expansión. Encontramos la forma de que cada local pueda ofrecer helado recién elaborado, con las mismas máquinas y el mismo proceso artesanal”.
En Pellegrini, la fábrica funciona detrás del mostrador y puede verse en acción. “El secreto no lo vamos a develar”, dice entre risas, “pero el compromiso es seguir ofreciendo helado fresco, como siempre”.
La fusión como síntesis
Si tuviera que definir esta etapa en una frase, Carolina no duda: “La fusión”. Y explica por qué. “Es la fusión de nuestra historia con lo que viene. La incorporación de Tomy y Tiago, la quinta generación de heladeros, nos obligó a repensar el negocio para que pudiera sostener a más de una familia sin perder la esencia”.
Fundada en 1919, la heladería pasó del bisabuelo de Manu a los abuelos, luego a la cuarta generación y hoy suma a la quinta. “Antes era un muy buen negocio para una familia. Con la incorporación de ellos, tenía que dar para tres. Ahí empezó todo este proceso”, relata.
La fusión también es humana. “Conocimos a un grupo de personas maravillosas que hoy llevan adelante el proyecto: Macarena, Pablo, Tristán, Javier y Walter. Sin ese encuentro, nada de esto hubiera sido posible”.
Con más de un siglo de historia que se remonta a 1919, Touche de Crème es una heladería familiar de quinta generación que hoy transita una nueva etapa de crecimiento. Su local insignia se encuentra en Avenida Pellegrini 1686, en Rosario, y cuenta además una sede en Avenida Fuerza Aérea 1300, en Funes. La marca apuesta a un modelo de expansión no tradicional, que mantiene la fábrica a la vista y el helado artesanal recién elaborado, sin stock, como sello identitario. En sus vitrinas conviven los sabores clásicos con creaciones que ya son marca registrada, como Crema Chai, Pistacho Imperial, Chocolate picante, Manzana al oporto y Crema de romero con limón, entre otras.
Con esta reapertura, Touche de Crème no solo agranda la casa: reafirma una manera de hacer helado donde la historia, el oficio y el futuro conviven en el mismo mostrador.


























