Leonardo Medrano, nuevo rector de Universidad Siglo 21, visitó el Centro de Apoyo Universitario Siglo 21–Fundación Libertad, ubicado en el Edificio Faro de Rosario, donde estuvo acompañado por Ana Figueroa Casas, coordinadora del centro. En diálogo con ON24, abordó una tensión que atraviesa a la educación superior: cómo preparar profesionales para un mercado laboral que cambia a mayor velocidad que los planes de estudio.
A los 43 años, y recién asumido al frente de la institución, Medrano plantea que las universidades deben revisar sus modelos de formación, acelerar su respuesta a las necesidades productivas y acompañar también a quienes necesitan reconvertirse después de años de trabajo.
“No hay que tenerle miedo al avance tecnológico, sí a la falta de educación”, afirmó. Su mirada pone el foco en las capacidades necesarias para aprovechar las oportunidades que aparecen con la transformación de las empresas.
La brecha de velocidad
La educación a distancia fue una de las apuestas con las que Siglo 21 amplió el acceso universitario cuando esa modalidad todavía enfrentaba resistencias. Medrano vinculó aquella decisión con la necesidad de llegar a personas que, por razones geográficas, no podían estudiar una carrera.
Hoy, sostuvo, la inteligencia artificial y los cambios en el sector productivo exigen una nueva transformación.
“Cuando la educación se aleja en términos de velocidad del sector productivo, empieza a haber problemas de inclusión, de empleabilidad”, advirtió.
Para el rector, al acceso y la calidad académica se suma una tercera exigencia: la pertinencia de los conocimientos. El desafío consiste en que la formación responda a las necesidades reales del trabajo y llegue a tiempo.
Una carrera puede demandar varios años y encontrar, al momento del egreso, un escenario profesional muy diferente del que existía cuando el estudiante comenzó. A la vez, las empresas pueden necesitar perfiles que todavía no aparecen en la oferta académica.

Qué demandan las empresas
Para seguir esa evolución, Siglo 21 cuenta con un Observatorio Futuro, que analiza tendencias y realiza un monitoreo anual de las necesidades de las empresas.
Según explicó Medrano, ese trabajo se apoya en un centro de vinculación relacionado con más de 2.500 empresas. Los relevamientos permiten identificar qué competencias y conocimientos ganan demanda, cuáles pierden peso y dónde se encuentran las brechas de formación.
Esa información se utiliza para actualizar carreras y desarrollar nuevas propuestas. Entre los campos que mencionó aparecen ciencia de datos, experiencia de usuario, inteligencia artificial, robótica y emprendimiento.
Sin embargo, el rector señaló que diseñar carreras no alcanza: también hay que lograr que los futuros estudiantes las conozcan. Muchas elecciones vocacionales siguen orientadas por las profesiones presentes en el entorno familiar, mientras otras alternativas todavía tienen poca visibilidad.
“Es un trabajo que hay que hacer muy fuerte, no solamente para desarrollar esas carreras, sino también para poder posicionarlas y darlas a conocer”, explicó.
Formación por etapas
Ante la necesidad de ofrecer respuestas más rápidas, Medrano describió una evolución hacia un modelo modular, apilable y personalizado.
La propuesta permite que el estudiante certifique aprendizajes durante su recorrido y sume cursos o diplomaturas que puedan articularse con su carrera. Esas instancias buscan tener un impacto más inmediato en la empleabilidad y facilitar una especialización antes de obtener el título.
Así, dos personas que egresan de la misma carrera pueden construir perfiles diferentes, de acuerdo con las competencias que incorporan durante su formación.
Otro eje es el reconocimiento de saberes previos, especialmente para quienes cuentan con experiencia laboral y necesitan actualizarse o cambiar de actividad.
Medrano cuestionó que el sistema universitario reconozca habitualmente los aprendizajes a través de equivalencias entre materias, sin contemplar suficientemente lo aprendido fuera de una carrera formal. Para una persona con años de trayectoria, tener que empezar desde cero puede convertirse en un obstáculo para volver a estudiar.
“Vos tenés un perfil de egreso, pero tenés muchos perfiles de ingreso distintos”, sintetizó.

Del ingreso al egreso
Las dificultades con las que algunos estudiantes llegan desde el secundario también forman parte del desafío. A los conocimientos insuficientes se agregan problemas de comprensión lectora, organización y adaptación a una etapa que demanda mayor autonomía.
Medrano explicó que la universidad utiliza un sistema de alerta temprana que analiza la actividad de los estudiantes en sus plataformas digitales. Esa información permite identificar dificultades y activar distintos apoyos.
En algunos casos, el acompañamiento se concentra en los contenidos de una materia. En otros, apunta a las estrategias de aprendizaje, la organización del estudio o cuestiones socioemocionales, con intervención de un gabinete de bienestar.
“Para nosotros el gran desafío es eso: no es solamente que el alumno acceda a la universidad, sino que pueda culminar exitosamente”, sostuvo.
En cuanto a la inserción laboral, el rector afirmó que el 97% de sus alumnos está empleado. Vinculó ese resultado con una propuesta que incorpora formación en emprendimiento, internacionalización, prácticas profesionales y prácticas solidarias, además de los contenidos de cada disciplina.
Un socio para las pymes
Durante la entrevista, Medrano destacó el desarrollo de un hub de vinculación para profundizar la relación con empresas y organizaciones de distintas escalas.
El proyecto contempla formación a medida, acceso a informes, prácticas profesionales y mecanismos para acercar estudiantes a las necesidades de contratación de las compañías.
El objetivo, explicó, es que la universidad funcione como un “socio académico” que acompañe a las empresas durante años, con actualización de conocimientos y desarrollo de competencias para sus equipos.
“Hoy las empresas que no estén vinculadas a una universidad tienen un riesgo competitivo”, afirmó. A su entender, la profesionalización y la formación continua serán determinantes para sostener la competitividad en un mercado cada vez más exigente.
La universidad frente a la IA
Para Medrano, el acceso inmediato a la información también obliga a revisar qué aporta una universidad. Una institución concentrada únicamente en transmitir contenidos, sostuvo, corre el riesgo de quedar desactualizada.
Su función debe incluir el desarrollo de competencias, la capacidad de pensar, aprender de manera autónoma y actuar frente a escenarios inciertos.
“Hoy las universidades tienen más relevancia que nunca”, aseguró, aunque condicionó esa relevancia a la capacidad de interpretar los cambios y adaptar sus modelos académicos.
“Va a haber universidades que lo van a entender y va a haber universidades que van a quedar ancladas en un modelo desactualizado”, concluyó.






























