Después del Howard Johnson, la familia Piscione vuelve a apostar por Funes con un complejo corporativo Premium

Tras anticiparse al crecimiento de la ciudad con el hotel, la familia impulsa ahora en Calmo, sobre la Autopista Rosario–Córdoba y Galindo, un complejo de seis torres de planta baja y tres pisos, con oficinas AAA, locales de doble altura y aproximadamente 300 cocheras subterráneas.

Hay decisiones empresarias cuyo verdadero valor se comprende con el paso del tiempo. Años atrás, durante un aniversario del Howard Johnson de Funes, Alejandro Piscione recordaba en diálogo con ON24 el riesgo que había implicado avanzar con aquel proyecto.

“Abrimos en el medio del campo. Fue una decisión arriesgada, pero resultó ser una gran apuesta”, afirmaba entonces.

La frase sintetiza una historia de visión y anticipación. Cuando la familia Piscione decidió invertir en un hotel de esas características, el crecimiento de Funes todavía no había alcanzado la escala actual. La decisión fue arriesgada, pero terminó confirmando una lectura acertada sobre la expansión de la ciudad y el potencial de su ingreso desde la autopista.

Hoy, la familia vuelve a mirar hacia adelante. Esta vez, la nueva apuesta no está centrada en la hotelería, sino en el mercado corporativo: un complejo premium que buscará llevar al ingreso de Funes un estándar de oficinas comparable al de Puerto Norte.

El proyecto se levantará dentro de Calmo, sobre la Autopista Rosario–Córdoba y Galindo, y combinará oficinas categoría AAA, locales comerciales y gastronómicos de doble altura y grandes superficies con frente a la autopista.

El desarrollo es impulsado por la familia Piscione, mientras que el proyecto arquitectónico está a cargo de Jorge Fonturbel, Tomás Fonturbel y Bruno De Giorgio.

Juan Pablo, Mauro, Alejandro y Bruno Piscione

Seis torres sobre un predio de 9.545 m²

El complejo se desplegará sobre dos lotes que totalizan 9.545 m², con cerca de 100 metros de frente sobre la Autopista Rosario–Córdoba.

Cada lote contará con tres torres de planta baja y tres pisos, conformando un conjunto de seis edificios. Dentro de esas estructuras se distribuirán las oficinas AAA y los locales comerciales y gastronómicos de doble altura.

La escala del desarrollo no estará determinada solamente por cuánto se construya, sino también por la calidad con la que se ocupará el terreno. Las torres tendrán una incidencia de apenas alrededor del 30% sobre el suelo, liberando buena parte del predio para espacios abiertos, senderos, vegetación y áreas de permanencia.

El paisajismo será uno de los elementos centrales de la propuesta. No estará planteado como un complemento ornamental, sino como parte de la composición arquitectónica y de la experiencia cotidiana del complejo.

La identidad visual estará definida por una combinación de hormigón, hierro, piel y vidrio, con líneas contemporáneas y una estética orientada a construir un posicionamiento corporativo claramente Premium.

 

Una gran vidriera sobre la autopista

En la planta baja de las torres se desarrollarán locales comerciales y gastronómicos de doble altura. Sobre los 100 metros de frente a la autopista se concentrarán espacios de grandes superficies y amplios paños vidriados.

La estructura orientada hacia el corredor quedará elevada a una cota que acompañará la altura de la autopista. De esta manera, los frentes comerciales ganarán exposición, presencia visual y un efecto de gran vidriera sobre uno de los principales ingresos a Funes.

Por sus dimensiones, altura y visibilidad, estos espacios estarán especialmente orientados a concesionarias y marcas que necesiten grandes superficies y una localización de fuerte impacto comercial.

Oficinas flexibles y aproximadamente 300 cocheras

Las oficinas categoría AAA tendrán ingresos independientes y se comercializarán mediante un esquema modular.

No habrá superficies predeterminadas. Cada empresa o inversor podrá definir la cantidad de metros cuadrados que necesita mediante la integración de diferentes módulos.

El programa corporativo incorporará además vestuarios y duchas, servicios pensados para acompañar nuevas dinámicas laborales y de movilidad.

El estacionamiento tendrá un lugar central dentro del proyecto. El complejo contará con aproximadamente 300 plazas en cocheras subterráneas, además de espacios preparados para la carga de vehículos eléctricos.

Trabajar, almorzar, caminar y hacer una pausa

La propuesta busca diferenciarse del edificio de oficinas concebido exclusivamente como lugar de trabajo.

El objetivo es que la jornada pueda desarrollarse dentro de un entorno que permita trabajar, bajar a almorzar, caminar, tomar un café o hacer una pausa, integrando actividad corporativa, gastronomía, servicios y espacios abiertos.

Los senderos, la vegetación y las áreas de permanencia buscarán incorporar bienestar a la rutina laboral y, al mismo tiempo, construir una estética diferencial para todo el conjunto.

La ubicación como activo estratégico

Si la arquitectura define el producto, la ubicación aparece como una de sus principales fortalezas competitivas.

El predio está ubicado en Calmo, sobre la Autopista Rosario–Córdoba y Galindo, en el ingreso a Funes. Esa localización combina acceso prácticamente inmediato al corredor con una rápida entrada y salida de la ciudad.

Se trata de una condición especialmente relevante para empresas cuyos equipos, clientes o proveedores se desplazan entre Rosario, Funes y distintos puntos de la región.

El complejo contará además con agua, gas y cloacas, un atributo que adquiere especial valor en una ciudad donde la cobertura simultánea de los tres servicios todavía no alcanza a todo el tejido urbano.

Preventa en noviembre y una definición respaldada por el mercado

La preventa comenzará en noviembre próximo, luego de una etapa de definición del producto respaldada por un estudio de mercado encargado a MEC Consultores.

En diálogo con ON24, Alejandro, Bruno y Mauro Piscione explicaron que la consultora analizó el potencial real de la demanda de oficinas en Funes y llegó a una conclusión coincidente con la visión inicial de la familia: ese era el lugar y el proyecto debía apuntar a una categoría superior.

El estudio reforzó una percepción que los Piscione ya venían observando: existe espacio para desarrollar en Funes un producto corporativo con estándares comparables a los que actualmente concentra Puerto Norte, pero con una ecuación diferente de accesibilidad, entorno, infraestructura y calidad de uso.

La experiencia del Howard Johnson les aporta, además, una lectura directa sobre la evolución del perfil empresarial, comercial y de servicios de Funes y su área de influencia.

La construcción estará atravesada por principios de sustentabilidad, expresados en la baja ocupación del suelo, el protagonismo del paisajismo, la concepción de los edificios y la incorporación de infraestructura para nuevas formas de movilidad.

Años después de haber abierto un hotel “en el medio del campo”, la familia Piscione vuelve a tomar una decisión empresaria apoyada en la misma convicción: invertir antes de que el crecimiento termine de hacer evidente una oportunidad.

Esta vez, la apuesta será un complejo corporativo premium que buscará competir no solamente por metros cuadrados, sino por la integración de arquitectura, conectividad, paisaje, infraestructura, flexibilidad y servicios.

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