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03:00 | sábado, 30 de junio de 2012
 

Por Mariano Obarrio para La Nación

Venezuela se sumará en julio al Mercosur

Los presidentes reunidos ayer en la 43a Cumbre del Mercosur sancionaron a Paraguay por partida doble y con una fuerte e inesperada jugada política.

Cristina Kirchner, anfitriona y protagonista, anunció que, a raíz de la polémica destitución del ex presidente Fernando Lugo , Paraguay no sólo quedó suspendido del bloque hasta que restablezca el orden democrático en las elecciones de abril de 2013. También, deberá soportar la humillación de que se incorpore a Venezuela como miembro pleno del bloque, trámite que estaba estancado por la férrea oposición del parlamento paraguayo.

El mismo Congreso guaraní que sacó a Lugo del poder en un juicio sumarísimo la semana pasada será castigado ahora con el ingreso definitivo, el 31 de julio, en Río de Janeiro, de la república bolivariana. Fue golpe por golpe. Paraguay fue despojado del derecho a voto y a veto en el Mercosur y no podrá participar de los organos y deliberaciones del bloque.

"Fue un gesto de autoridad regional hacia el gobierno y el Parlamento de Paraguay", dijo a LA NACION un alto miembro de la comitiva argentina. Añadió que la decisión es "sólida jurídicamente" porque fue votada por todos los demás miembros. También se suspendió a Paraguay de la Unasur, que se reunió aquí por la tarde.

Cristina Kirchner anunció que "no se aplicarán [a Asunción[ sanciones económicas porque el objetivo es no perjudicar al pueblo paraguayo". Fue la única concesión al gobierno de Federico Franco.

La reacción no se hizo esperar. Franco dijo que su país "está liberado para tomar decisiones". La contracara de eso: el líder bolivariano, Hugo Chávez, calificó la decisión del ingreso de Venezuela como "una derrota del imperio". Chávez iba a venir a Mendoza, pero anteanoche se excusó por su frágil estado de salud.

El congreso paraguayo era la última traba para el ingreso definitivo de la república bolivariana, ya que los parlamentos de la Argentina, Brasil y Uruguay ya lo habían aprobado.

Cristina Kirchner fue la vocera de las decisiones en su intervención en la cumbre: "Se resolvió la suspensión temporal hasta tanto se lleve a cabo el proceso de elecciones libres y democráticas de un nuevo presidente".

El ingreso de Venezuela estaba trabado hasta anteayer. Brasil y Uruguay -especialmente el presidente oriental, José Mujica- eran partidarios de contemplar el derecho de Paraguay de convalidar esa decisión. La presión de la Argentina fue fuerte y demoró el comienzo de la cumbre desde la mañana hasta el mediodía. "Lo terminaron de definir los presidentes", dijo a LA NACION un miembro del Gobierno.

Brasil había ganado la pelea por no aplicar sanciones económicas a Paraguay, donde residen más de 600.000 "brasiguayos".
El lunes se reunirá el parlamento del Mercosur en Montevideo y muchos legisladores paraguayos intentarán plantear sus quejas, pero la suspensión dispuesta ayer podría dejarlos fuera de la discusión.

La Presidenta quería una demostración ejemplar de autoridad y fundamentó públicamente el ingreso de Caracas en que "la región necesita de una unión amplia que permita enfrentar la crisis provocada por los países ricos" y "situaciones difíciles en lo institucional".

También anunció que se conformó una comisión de cancillerías para seguir el proceso de elecciones en Paraguay. Pero funcionará en un marco más amplio: la Unasur. "El Mercosur va a aceptar el resultado de las elecciones", agregó Cristina Kirchner.
Al abrir la cumbre en el hotel Intercontinental, de Guaymallén, la Presidenta había colado la política local. Inmersa en una batalla contra gremios y sectores opuestos en el PJ, con gesto adusto y tono sereno, pero solemne, buscó consenso interno y del resto de los presidentes del bloque al justificar su dureza con una frase de Jorge Luis Borges: "No nos une todo el amor, pero sí el espanto; el espanto de haber vivido rupturas institucionales".

Y advirtió que está en juego "la estabilidad de la región". Alertó a sus pares de "que no se instalen los golpes suaves, los que bajo cierta pátina de institucionalidad rompen el orden democrático" (ver aparte).

Luego, los presidentes deliberaron en secreto, tras lo cual Cristina Kirchner y su canciller, Héctor Timerman, leyeron las lapidarias resoluciones sobre Paraguay amparadas en la cláusula democrática del Protocolo de Ushuaia.

El último acto formal de la mandataria argentina fue el traspaso de la presidencia pro témpore del Mercosur a su par brasileña, Dilma Rousseff, atributo que originalmente iba a recibir el destituido Lugo.

 
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