Por: Fernando Staffieri*
@ferstaf
“La vida no se trata de esperar que pasen las tormentas, se trata de aprender a bailar bajo la lluvia”.
Vivian Greene
Desde que la Afip decidió reforzar la prohibición para comprar dólares, una buena parte de la sociedad comenzó a percibir con temor el fin de un ciclo de crecimiento. ¿Son fundados estos temores?, ¿cuáles son las perspectivas económicas?
Advierto al lector que no pretendo decir cuál será el valor del dólar o predecir con fechas y precisión quirúrgica qué es lo que va a pasar. Esas predicciones, como bien indicó el premio Nobel de economía August von Hayek y el economista argentino Julio Olivera, son imposibles. Es simple futurología, que puede ser muy entretenida y calmar los ánimos, pero no es economía ni análisis. Basta repasar artículos, e incluso libros, publicados últimamente para ver los errores en que se cae por buscar hacer predicciones: “Lluvia de dólares”, “Fin de ciklo”, “El post-kirchnerismo”, “¿Qué les pasó?”, por nombrar algunos. Si busca algo de eso, no tiene mucho sentido seguir leyendo estas líneas. En definitiva, es posible indicar tendencias pero mucho más difícil puntos de quiebre.
¿Qué indican los datos?
Realizado el disclaimer, vayamos a los datos. La economía argentina ingresó en una fase de desaceleración del crecimiento, admitida incluso por los falaces indicadores oficiales. Según el Indec, en marzo la actividad creció a una tasa del 4 % anual, menos de la mitad de lo informado un año atrás. Como bien señala Lucas Llach “si el crecimiento se anunciara como en Estados Unidos (este trimestre versus trimestre anterior, tasa anualizada) diríamos que Argentina está creciendo al 0,47 %”. Algunos economistas e indicadores privados señalan incluso el inicio de una fase recesiva.
En este contexto -impulsándolo- se encuentran un conjunto de medidas económicas del gobierno nacional: limites a las compras de divisas extranjeras, restricción a las importaciones y avance sobre los derechos de propiedad.
El menor nivel de actividad con una caída en las expectativas sobre el futuro – según la Universidad di Tella la confianza de los consumidores cayó en abril un 12,7 % con respecto al mes anterior- sumada a sucesos históricos de fuerte impacto hacen pensar en la posibilidad de un ciclo traumático.
Es cierto que la actividad ingresó en un cono de sombras, que la economía argentina dejó atrás el proceso de fuerte crecimiento que vivió la última década y que aparecen por primera vez desde la crisis de 2001-2002 las restricciones típicas que afronta un país y que pudimos ignorar por mucho tiempo. Ahora bien, ¿eso implica un proceso traumático?
A corto plazo no parecería vislumbrarse dicho escenario. En términos políticos – algo de sustancial importancia en Argentina – el poder político no presenta debilidades y mantiene un importante sustento social.
En términos económicos, como señala adecuadamente el último informe de la consultora Ecolatina “Resulta paradójico que se hayan acentuado las restricciones sobre la compra de dólares cuando en los primeros cuatro meses del año el superávit comercial se duplicó, la salida de capitales se redujo significativamente y el BCRA volvió a acumular reservas. Sin embargo, el Gobierno está actuando de forma “preventiva”, anticipándose a la dinámica cambiaria del segundo semestre. Por caso, en el último trimestre del año se percibirán menos del 20% de la liquidación de divisas, mientras que se concentrará el 43% de los pagos de deuda pública en moneda extranjera.”
El viernes pasado, en el foro de economía y negocios que organizó Fundación Libertad, Luis Secco aportó un dato sustancial: el aumento de la participación del Estado en la economía. El gasto público consolidado equivale actualmente al 40 % del PBI argentino. ¿Qué revela esto? Que una proporción cada vez mayor de argentinos depende directa o indirectamente del Estado. Mientras este no tenga problemas de financiamiento, una parte sustancial de la economía está protegida en buena parte de los vaivenes de la actividad privada. Nada hacer prever que el estado nacional tenga problemas de financiamiento. En el caso de las jurisdicciones provinciales se enfrentan a dificultades que no son de imposible solución. Esto brinda un blindaje de corto plazo a la economía.
¿Y entonces cuáles son las perspectivas?
Argentina se encamina a un proceso de merma en sus niveles de actividad pero sin que se vislumbre una crisis inminente. Los indicadores económicos serán mediocres y vendrá un período con cada vez mayores controles o un sinceramiento de variables económicas por la imposibilidad de continuar con ciertas políticas de difícil sostenibilidad.
Desde ya que los riesgos son crecientes, habrá que seguir de cerca las decisiones gubernamentales no siendo posible desatenderse de los vaivenes diarios de la economía.
¿Qué hacer con los ahorros?
Mantenerse en pesos implica cada vez mayores riesgos. La inflación es elevada – lo continuará siendo porque el gobierno financiará su mayor gasto con emisión monetaria – y habrá una dificultad creciente de disponer libremente de los ahorros.
En materia inmobiliaria habrá un techo para el crecimiento en dólares de los precios de las propiedades. Resultan buenas alternativas aquellas que brinden financiamiento en pesos o bien buscar ubicaciones privilegiadas que presenten un diferencial.
En materia financiera, muchas acciones argentinas parecen regaladas, sin embargo – medidas como las tomadas con YPF – perjudican notoriamente su cotización. Estas dependen más de la política que de variables económicas. Alternativas más seguras aparecen en bonos en dólares como el Bonar 2017.
¿El precio del dólar?
Aquí es una apuesta contra el gobierno que controla tanto el mercado formal como informal. Si puede adquirir moneda al tipo de cambio oficial, claro está que es una buena oportunidad. Si piensa hacerlo en el paralelo no sería sostenible que la brecha se amplíe. Probablemente, el gobierno intervenga en este mercado colocando puntas vendedoras o aflojando las restricciones sobre el formal. ¿Por qué? Si las expectativas de cada ahorrista es que el dólar suba, y siempre sube sin registrar bajas, la demanda de dólares seguirá subiendo. Esto el gobierno lo sabe, por ende irá jugando con períodos donde deje subirlo y otros donde provoque bajas del mismo. Aquí la decisión depende del motivo de compra de dólares, del plazo que tenga para su decisión y como siempre de tomar decisiones que brinden tranquilidad.
*Licenciado en Economía.